¿A qué temperatura sirvo cada vino?


 

 

Seguro que has oído o leído en muchos sitios que hay servir ciertos vinos a temperatura “ambiente”. Temperatura “ambiente” quiere decir que ni se enfría ni se calienta y por eso mismo la temperatura “ambiente” varía según el lugar donde nos ambientemos. Si te encuentras al aire libre en medio de una nevada en los Estados Unidos la temperatura “ambiente” va a ser inferior a los 32 grados Farenheit. Si te encuentras bajo el sol de verano en una playa en Puerto Rico la temperatura “ambiente” probablemente superará los 90. Y si te encuentras en una oficina con aire acondicionado la temperatura “ambiente” rondará los 70.  Entonces ¿a cuál temperatura “ambiente” tendríamos que servir el vino?

 

Del mismo modo que la temperatura es muy importante en el proceso de fermentación alcohólica del mosto en vino, lo es en el servicio del vino terminado ya que la temperatura va a incidir en la percepción de aromas, sabores y texturas.

 

La temperatura afecta en la volatilidad de los compuestos aromáticos de un líquido, influyendo en cuántas moléculas aromáticas podemos llegar a oler. En el caso del vino, a mayor calor las moléculas aromáticas vibran más rápido y son más volátiles, evaporándose antes de poder olerlas y haciendo que predomine el olor del alcohol. Mientras más frío el líquido, las moléculas aromáticas son menos volátiles y menos expresivas.

 

Pero la temperatura no solo incide en la percepción de aromas, sino también en las sensaciones que el vino deja en boca y muy especialmente, sus taninos y su acidez. El frío resalta las asperezas de los taninos, de ahí que los vinos tintos no se sirvan tan fríos como los blancos. El calor remarca las sensaciones de acidez por eso muchos vinos blancos con altos niveles de acidez se sirven fríos.

 

Por eso hay que buscar la temperatura correcta para que los aromas se aprecien bien y las sensaciones que deja un vino en el paladar sean placenteras.

 

Los vinos con muchos taninos y baja acidez se sirven a mayor temperatura. Los vinos con pocos taninos y mucha acidez se sirven más fríos. Y entre medio de estos extremos se trata de un juego que suma estos dos elementos para encajar temperaturas precisas dentro de un espectro de ellas, tomando en cuenta elementos como la edad de los vinos o variedades de uva.

 

Las temperaturas de servicio del vino van de los 6-8° C (43-46.4° F) recomendados para los vinos espumosos hasta los 18-20° C (64.4-68° F) sugeridos para vinos tintos estructurados y maduros. Es decir, mientras más delicado y ligero el vino menor su temperatura de servicio, y mientras más estructurado, mayor temperatura.

 

Aquí tienes unas sugerencias de temperaturas de servicio, utilizando como base el estilo de un vino:

 

  • Espumosos secos y dulces como el cava, el prosecco o el champán, además de finos y manzanillas de Jerez: 6-8° C (43-46.4° F)

 

  • Vinos blancos secos, jóvenes y afrutados: 8-10° C (46-50° F)

 

  • Vinos blancos secos aromáticos: 10-12° C (50-53.6° F)

 

  • Vinos blancos maduros y muy estructurados, rosados, pasificados, Jereces olorosos y amontillados: 12-14° C (53.6-57° F)

 

  • Vinos tintos afrutados, delicados y poco tánicos: 14-16° C (57-60.8° F)

 

  • Vinos pasificados y licorosos tintos, vinos tintos de estructura y tanicidad media: 16-18° C (60.8-64.4° F)

 

  • Vinos tintos tánicos, con gran estructura: 18-20° C (64.4-68° F)

 

Existen termómetros especialmente diseñados para poder medir las temperaturas de servicio de un vino y que pueden serte útiles para servirlos con propiedad.

 

Un ejercicio interesante es que pruebes un mismo vino a distintas temperaturas para entender de forma práctica estas diferencias. En las catas virtuales que Winepeckers.com realiza todos los miércoles por Facebook Live también podrás aprender más sobre temperaturas de servicio.


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